La Fender Stratocaster y la incómoda verdad de las pastillas single coil
(Con referencias que importan)
La Fender Stratocaster no es una guitarra complaciente y
nunca lo fue porque no fue creada para engordar egos ni para disimular
carencias técnicas. En su diseño original existe un manifiesto técnico que
establece aquello de que el la guitarra Fender Stratocaster no corrige,
responde. Y en el centro de esa filosofía están las pastillas single coil.
Estos fonocaptores single coil (pastilla de bobina simple) son micrófonos para guitarra eléctrica que usan una única bobina de alambre alrededor de imanes para convertir la vibración de las cuerdas en una señal eléctrica, produciendo un sonido brillante, claro, con agudos y ataque definidos. Una característica de estas pastillas es que, si bien son muy fieles, a veces pueden generar ruido (zumbido) por interferencias externas, característico de las Stratocaster (y las Telecaster, cabe mencionar).
Su construcción es a base de un hilo de cobre enrollado
alrededor de polos magnéticos (generalmente 6 para las 6 cuerdas). Su sonido es
Brillante, nítido, con presencia mayoritaria de agudos y un ataque muy
articulado. El ruido (Zumbido) mencionado arriba se debe a que estas pastillas
single coil son susceptibles a interferencias electromagnéticas cuando no se
tocan, lo que es parte de su reacción distintiva.
Las single coil podrían resultar punitivas para muchos
guitarristas de mala digitación o con vicios al tocar (muy recurrente el vicio
de utilizar solo tres dedos al tocar solos de guitarra) porque las single coil
no embellecen, no protegen y no perdonan. Tienen mala fama entre quienes buscan
control absoluto y se les acusa de ruidosas, delgadas e inestables. Así que el
problema no es el ruido, es la exposición.
Una guitarra Stratocaster con tres pastillas single coil traduce
el ataque real de la mano derecha y hace audible la diferencia entre intención
y rutina porque convierte la dinámica en parte de la ejecución.
Guitarristas como Jeff Beck podían pasar de un sonido suave casi susurrante a un sonido fuerte y poderoso sin tocar un pedal. Al margen de la destreza de guitarristas de esa talla (o demostrándola a través de la Stratocaster con single coil), la virtud técnica de tener el sonido claro y real abre la puerta para conocer el resto del equipo y, por supuesto, la verdadera cara creativa del guitarrista.
El famoso sonido loudy-hum en las Stratocaster forma parte
de la ecuación. Jimi Hendrix creó su estilo, hasta hoy no superado, gracias a
la limpieza del sonido de las single coil. El sonido feedback que rodea su
leyenda (ver los conciertos de Monterey Pop Festival 1967 y Woodstock) surgió
accidentalmente precisamente porque las single coil son las únicas pastillas
que, sin usar distorsión o efectos adicionales, rebotaba contra la fuente de
emisión. Esto se debe a la claridad y reproducción real de lo que el
guitarrista toca utilizando una guitarra Fender Stratocaster en su edición
original Pre CBS (sin humbuckers).
Eliminar por completo ese sonido original de las
Stratocaster suele significar eliminar también la dimensión real de la
ejecución. La Strat original no pretende ser silenciosa porque fue pensada para
dar claridad y no fantasía. Es honesta porque fue creada para cubrir las
necesidades del artista consumado.
Pero esto no es una guerra de la Stratocaster contra las
pastillas humbucker porque no se trata de superioridad moral ni técnica. Se
trata de lenguaje.
El humbucker tiende a unificar, sostener y redondear mientras la single coil tiende a separar, articular y dejar espacios. Basta escuchar a guitarristas como Rory Gallagher, Yngwie Malmsteen y Ritchie Blackmore para darse cuenta de lo mencionado. Estos tres orientan su objetivo a la claridad incluyendo errores, mientras guitarristas como Angus Young, Ace Frehley y Slash, por citar algunos, se escudan mucho en el sonido robusto de las guitarras Gibson, que cubren muchos errores, pero también muchos detalles melódicos.
Cabe hacer la aclaración de que Jimmy Page utiliza más
guitarras Fender Telecaster. La asociación de este guitarrista con las Gibson
Les Paul es en cierto modo fortuita porque las utilizó en sus giras por Norteamérica
cuando encabezaba a Led Zeppelin.
Guitarristas como David Gilmour, incluso con muros de
efectos, nunca pierden definición. Cada nota tiene lugar, tiempo y dimensión
porque la Stratocaster no organiza el sonido sin empujarlo para proyectarlo de
manera real. Otro purista (que de hecho cambió de Les Paul y SG a Stratocaster)
es Eric Clapton, quien utiliza su propio sistema de efectos a través de un
switch que controla sus amplificadores Twin Reverb (Fender), Marshall Plexi,
Orange 100 y Vox. Eric es uno de los guitarristas que mejor controla su sonido
yendo de lo suave a lo virtuoso sin simular errores (y reto a cualquiera a que
me muestre algún error de Clapton).
En contextos armónicamente complejos como el rock
progresivo, el jazz, el jazz rock y música modal, la claridad de las single
coil es una necesidad. Revisemos de cerca los acoplados entre grupos de rock y
orquestas sinfónicas.
Metallica tuvo que utilizar supresores de resonancia en sus
guitarras Eagle y Gibson mientras, usando Stratocaster, la guitarra de Kirk
Hammett estaba conectada en línea directa con el sistema general.
En el concierto de tributo a Jon Lord (Abril 4 de 2014) los
guitarristas frontales —salvo Steve Morse— tuvieron problemas con el sonido
porque el backline estaba configurado para el uso de guitarras con humbucker.
En contraste, Yngwie Malmsteen obtuvo su mejor lucimiento con una orquesta
sinfónica gracias a que utilizó su omnipresente Fender Stratocaster modificada
por él mismo.
No es casual que muchos guitarristas intenten modificar la
Strat utilizando pastillas noiseless, compresores siempre encendidos, boosters
permanentes y ganancias que borran el ataque pero en realidad no buscan mejorar
el sonido, sino reducir la exigencia. Hacerla más predecible, más dócil y menos
reveladora.
Pero guitarristas como Ritchie Blackmore tienen presente algo
clave, la Strat no está hecha para protegerte, sino para confrontarte. Cuando
se la domestica demasiado, deja de ser Strat y se convierte en objeto de
presunción.
La Stratocaster no seduce al guitarrista impaciente porque exige
control del volumen, atención al silencio, precisión rítmica y conciencia del
espacio.
Por eso muchos músicos regresan a ella después de años. Y no
se trata de nostalgia, es de hecho un ajuste de cuentas. Una verdad incómoda es
que la Strat no te acompaña, te observa y conviene decir sin rodeos que una
Stratocaster con single coil no te hace sonar mejor, te obliga a ser mejor. Te
devuelve exactamente lo que le das. Ni más ni menos. Y en una época obsesionada
con la corrección automática, ese espejo resulta incómodo pero necesario.
La música que perdura no es la más perfecta, es la que se
atreve a decir la verdad. Y en ese sentido, en opinión humilde de quien esto
escribe, la Fender Stratocaster es la guitarra más honesta del mundo.
Es cuanto
Messy Blues





