Cuando lo importante es el guitarrista
Hace algunos ayeres, alrededor de veinte años —más o menos—, tuve la ocurrencia de hacer dueto con un estadounidense que, sí, tocaba muy bien la armónica y cantaba bastante bien entonado, pero tocando la guitarra lo considero más bien limitado, o al menos esa impresión me dejó. Bien, en ese entonces yo vivía en el pueblo de donde era originaria mi abuela, Salvatierra, Guanajuato; y como es bien sabido Nadie es profeta en su tierra, así que yo tenía más odiadores que entusiastas, por lo que tener al americano de mancuerna atrajo gente más interesada en tomarse la foto con él que en la música que tocábamos: blues y country.
Pero el tema en el post lo enfocaré en una situación técnica que, aunque aparentemente desmitifica a las guitarras Fender, en realidad lo que intenta es motivar al guitarrista que, por una u otra razón, no puede financiarse una guitarra de gama alta o una gama media siquiera de las opciones en las guitarras Made in USA.
La anécdota inicial
El gabacho y yo estábamos tocando en un café con mesas en la vía pública, lo que atraía a propios y extraños y se nos acercó un sujeto de los que suelen viajar a trabajar a los Estados Unidos y vienen a gastar su dinero acá. El sujeto era originario de Yuriria, un municipio cercano a Salvatierra. Guitarrista, músico de sesión hasta donde pude ver (puedo equivocarme) y, mientras yo ponía mi guitarra en un atril para tomarme un rato de descanso, se acercó, me saludó y en seguida vio mi guitarra Strat Affinity Series Squier by Fender con desprecio y en seguida espetó:
«¡No mames, usa una buena guitarra!»
Es decir, el tipejo estaba insultando la guitarra que me había acompañado por varios años y con la que yo había hecho mis primeras grabaciones y que me había valido algo de buen público. Claro, yo ya había tenido guitarras americanas pero por las eventualidades no las había podido conservar en su momento. Mi Strat Squier era, como sea, mi compañera de aventuras y este baboso simplemente venía a decirme cómo trabajar y cómo hacer las cosas.
Me limité a darle por su lado y con el tiempo, después de eso, se hizo amigo de varios músicos del pueblo (a través del gringo) y uno o dos años después conseguí una guitarra más, una Strat Bullet, también Squier, y volvió a insistir con su terquedad de las buenas guitarras. Cierto, él poseía varias guitarras hechas en USA y buenos amplificadores, pero él tenía el poder adquisitivo y hasta ahí preferí limitarme a lo que yo tenía.
Ahora bien, dos años después del primer encuentro escuché algo que él había grabado. Puse atención y quedé sorprendido; el mismo sujeto que virtualmente me exigía cambiar mi guitarra era un pelmazo tocándola. O al menos a mí no me impresionó como yo esperaba. En resumen, el tipo era el típico fulano que piensa que un logo en la paleta te hace guitarrista. No solo es un error, es un pecado de narcisismo.
Chinas, mexicanas, gringas... ¿cuál es la diferencia?
Actualmente tengo mejor equipo, claro, pero no me deshice de lo que tenía en ese entonces, ¿por qué? ¿para qué?, mis guitarras también son parte de mí, vengan de donde vengan, ¿no? En este punto llego a la parte en la que muchos dan por despreciar al guitarrista que utiliza guitarras de menor costo hechas en China o Corea pero, a la hora de la verdad, esos guitarristas suelen dar lecciones de cómo tocar una guitarra.
Precisamente en Estados Unidos, un tiempo que anduve en el área de la Bahía de San Francisco, un viejo bluesman (caucásico) me dijo algo bastante cierto: La verdadera madera está en los dedos.
Cuántas veces no hemos visto en foros, tiendas de música o redes sociales al típico esnob con una Custom Shop colgada al hombro que apenas puede encadenar tres pentatónicas con un timing deplorable, mirando por encima del hombro al músico que carga una Squier o una Epiphone económica ajustada a la perfección. Es la falacia suprema de creer que el oro del logo en el clavijero compensa el vacío en las manos. Es pensar que aquello de American Custom Body te hace automáticamente un buen guitarrista, solo por eso.
Con un buen ajuste en el alma, una cejuela bien limada, unas selletas decentes y, sobre todo, horas y horas de dedicación en el diapasón, una guitarra económica rinde y canta con la misma o mejor dignidad que lo más novedoso del catálogo Fender o Gibson. Los puristas olvidan que grandes discos de la historia se han grabado con instrumentos de gama baja modificados o exprimidos hasta el último rincón por músicos que no necesitaban validación de aparador. Jimmy Page no utilizó ni Gibson ni Fender en su primer disco y David Gilmour usó una Martin que él había roto en una borrachera y luego fue reconstruida en Michoacán, para la canción Mother (Pink Floyd The Wall, 1979), se los paso como dato.
Una Squier o una Epiphone hechas en el oriente no son un impedimento para hacer música memorable; son un lienzo en blanco porque es el músico el que hace al instrumento, no es la cartera la que hace al músico. El esnobismo guitarrístico es, en el fondo, una máscara para ocultar la inseguridad artística. Quien necesita presumir el costo de su equipo suele ser el que menos tiene que decir musicalmente.
Al final, cuando el escenario empieza a sonar, a nadie le importa si tu guitarra dice Fender USA, Fender MIJ, Fender MIM o Squier by Fender, ni si tu guitarra costó el equivalente a un coche usado o un mes de sueldo. Lo único que trasciende es la intención, el fraseo, el alma con la que atacas la nota; el momento de la verdad es cuando tu público siente lo que tú estás tocando.
Así que, si hoy tocas con una Squier, una Epiphone, una guitarra hecha por ti mismo (¡mis respetos!), una marca genérica o lo que tus bolsillos te hayan permitido conseguir con esfuerzo; llévala con orgullo, conócela, ámala, trátala como la compañera fiel que es y hazla sonar con tanta fuerza que a los narcisistas no les quede más remedio que callarse el hocico y escuchar. Porque la guitarra más cara del mundo jamás podrá comprar el peso de un verdadero músico. Y mira que he tocado con cada narcisista.
En resumen: Disfruta tu guitarra, como dije, venga de donde venga.
Es cuanto
Messy Blues
